domingo, 2 de octubre de 2011

Leyendas de la Mezquita





 Aquí os dejo unas cuantas leyendas que he ido recopilando de nuestra mezquita, pueden ser o nó verdad, pero por lo menos entretienen gracias por vuestro tiempo.
Besos


El túnel entre Medina
Azahara y la Mezquita


Desde siempre en Córdoba se ha
hablado de la existencia de un túnel
subterráneo que comunica la ciudad
palatina de Medina Azahara con la
Mezquita. Nunca se ha llegado a
descubrir, pero la leyenda cuenta que
por él accedía el califa directamente
a caballo a la Mezquita para sus rezos
diarios. 





La leyenda del ángel 
En el palacio de Al-Ruzafa, Abderramán I dormía plácidamente. Suavemente, de forma apenas perceptible, su semblante se fue alterando sucesivamente. A veces se percibe una sonrisa en su rostro, otras, sin embargo, se contrae en gestos de espanto. Su respiración se agita. El demonio ha hecho presa de su espíritu y ante su vista desfilan los episodios sangrientos de su reinado. Le rodea un mar de sangre y que parece ahogarlo sumergiéndole en el abismo. Grita, pero nadie le socorre. Solo un eco burlón contesta a sus desesperados llamamientos. Parece que no hay salvación. De pronto se ve arrastrado por una multitud informe que le rodea y le arrastra al suplicio. Su poder ha desaparecido, su majestad no es más que una sombra. El insulto y la injuria se clavan en su alma. Siente como le arrastran, le golpean y le escupen, empujándole hasta la margen del río donde le aguardan dos palos cruzados trabados en forma de cruz. Una ola de terror parece arrastrarle y entre una atroz agonía siente como unos clavos agudos se van introduciendo a golpe de martillo en las palmas de sus laceradas manos y en sus destrozados pies. Simultáneamente sus ojos espantados contemplan su propia cabeza clavada en una lanza, llevada por las calles de Córdoba y mostrada en los muros de su palacio como trofeo. ¿Cómo es posible aquello? Él es el emir independiente, soberano absoluto, dueño de vidas y haciendas.
De repente un súbito resplandor le ciega. Una dulce voz, parece llamarlo:

-¡Emir-Al-Mumenin, Príncipe de los creyentes!

Poco a poco abre sus ojos y ve ante él la esbelta figura de un ángel. El Emir sorprendido quiere levantarse pero no puede. Los clavos del tormento aun le sujetan y apenas puede mover sus descoyuntados brazos. Sin embargo un extraño bienestar parece invadirle mientras contempla absorto la celestial aparición.

¡Emir soberano de este imperio, que es en la tierra como un adelanto del paraíso que Dios reserva para los fieles! Alá te libró en Damasco de la rebelión de los abbasíes para que tu estirpe no sucumbiera, y te dio este trono con todo su poder y riqueza; su omnipotencia te amparó en los campos desolados cuando huías de tus inclementes enemigos y te acosaba el hambre, el hermetismo de las puertas que ante ti se cerraban y la amenaza del veneno se cernía siempre sobre la leche de camella con que te alimentabas. Hubieras sido festín de chacales en el desierto y eres tú un chacal que dispones a tu capricho de la existencia de los demás. ¿Qué hubieras hecho sin la ayuda de Dios? ¿Qué has dado tú, en cambio al Dios único, generoso y magnánimo? ¿Qué hiciste en penitencia para que el enojo divino no te entregue al demonio y a su encrespada turba de asesinos y verdugos? El poder se pierde en un momento, vana ilusión, que crece cuando crece la arrogancia. Devuélvele a Alá sus favores consagrándole una obra digna de su grandeza, contra la que nada puedan los siglos, que cante a perpetuidad la gloria infinita de Dios por la voz trémula de los creyentes y por la sorpresa de sus ojos frente a tan singular maravilla, asombro y orgullo de las generaciones venideras hasta el fin de los tiempos.

La noche avanza y la claridad del alba empieza a dibujarse en las celosías de los amplios ventanales. El emir se incorpora con trabajo. Mil ideas confusas se debaten en su cerebro, y los miembros le duelen de aturdimiento y cansancio. Poco a poco se recobra. Se asoma a la ventana y recibe el tonificante frescor de la mañana. Cruza las manos, extiende los brazos y musita una oración. Luego, erguido y gallardo, promete:

-¡Tal será la obra que te consagre, Dios único y legítimo, que el mundo todo le tendrá envidia y dominará a los vientos y vencerá a los días infinitos!





El agua de las mujeres
solteras


La tradición popular dice que las
mujeres solteras que deseen casarse
han de beber agua de la fuente de
Santa María situada en el Patio de los

Naranjos, y del caño que está más
próximo al olivo.





La Puerta de la Leche

La tradición asegura que era el lugar
donde las madres pobres dejaban a
sus hijos para que familias con más  
recursos se hicieran cargo de ellos 



La Cadena

En la mezquita de Córdoba había una cadena grande, de oro, la cual daba vueltas sobre sí misma de lo larga que era aunque estuviera colgada del techo.
Se dice que los obispos que allí residían la cortaban cada vez que tenían que hacer arreglos, comprar  cosas…..era para las necesidades de aquellos católicos.
La cadena de la mezquita, ahora mismo mide poco y no es tan espectacular, ni siquiera llega al suelo.




La Imagen

La mezquita está adornada con imágenes católicas. Una de ellas es una misteriosa pintura donde el rostro de Jesús, es lo más esencial.
Se dice que si la miras fijamente a los ojos, Jesús te hará una seña, la cual significa que te dará la oportunidad de pedir un deseo.


El Cristiano Cautivo

 Dicen que algún esclavo cristiano estuvo encadenado a esta columna y en el tiempo que estuvo allí, talló la cruz con la uña.
En algún momento, probablemente antes de su colocación en la expansión de Almanzor, se talló una cruz de 17 cm en esta columna. También hay lo que parece ser los restos de una cadena

La leyenda del Cautivo Cristiano probablemente viene de la memoria histórica de un movimiento breve del siglo IX, cuando San Eulogio inspiró una resistencia contra el aumento de la Islamización de la sociedad cordobesa. Varios cristianos entraron en la Gran Mezquita y condenaron el Islám, provocando intencionadamente su propio martirio. Afortunadamente, estos hechos no eran la norma en la larga convivencia de las tres culturas. Sin embargo, la esclavitud existía tanto en los reinos musulmánes como en los reinos cristianos de aquel tiempo.




El Buey que reventó


Al púlpito catedralicio del lado del Evangelio en la Capilla Mayor de la Mezquita Catedral y construido por el escultor francés Juan Miguel Verdiguier, le nació una curiosa leyenda popular, que terminó por alcanzar un arraigo indiscutible entre la población. Aún es hoy relatada como curiosidad por los  doctos o contada como verdad histórica por personas desconocedoras de la realidad
Dice la vetusta leyenda que la imagen del toro del púlpito, representa a un hermoso buey blanco que vivió en tiempos musulmanes (cuando se estaba construyendo la mezquita), y que su poderosa fuerza hizo que le obligaran a acarrear todas las columnas que se trajeron aquí para la obra
Fue tan enorme su esfuerzo, que al descargar la última columna, cayó al suelo reventado, quedando muerto en el acto.

El legendario relato también alcanza a la imágen del águila del púlpito, donde es considerada como un ave carroñera que desciende de las alturas para apoderarse de las entrañas del noble animal fallecido.



6 comentarios:

  1. Sinceramente, es todo un trabajo lo que nos traes para que los que no sabemos, aprendamos mas cosas de algo tan bello que esta en nuestra ciudad. Gracias por compartirlo.

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  2. Gracias por esta interesante y cultural entrada.
    Muy buen recopilatorio...estupenda fotografía.
    Saludos.
    Ramón

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  3. Bonita colección de leyendas, alguna ya la había leido pero otras como la del angel no la conocía....sólo falta que les pongas más fotos para acompañarlas...un besio Amiga

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  4. Que interesantes leyendas, no tenía conocimiento de todo esto. Un gran trabajo pero como dice Helena y tu has puesto arriba, cuando puedas las acompañas de tus maravillosas imágenes. un besazo amiga

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  5. La cadena de la mezquita yo la he visto de niña y adolescente, cada vez más cortada, ahora solo queda la argolla sin los eslabones donde estaba colgada

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